El Oro del Koricancha

volver: el oro de los incas

Con referencia al Oro existente en el Koricancha nos describe en su libro "Comentarios Reales de los Incas" lo siguiente:

“los muros estaban cubiertos de arriba a abajo de planchas y tablones de oro. En el muro testero, que llamamos altar mayor, tenían puesta la figura del sol, hecha de una plancha de oro, el doble más grueso que las otras planchas que cubrían las paredes. La figura estaba hecha con su rostro en redondo, y con sus rayos y llamas de fuego, todo de una pieza, ni más ni menos que la pintan los pintores. Era tan grande que tomaba todo el testero del templo de pared a pared”.

Contaba también con un jardín artificial con una extensión de una hectárea y media:

"Aquella huerta que ahora sirve al convento de hortalizas era, en tiempo de los Incas, jardín de oro y plata, .... donde havía muchas yervas flores de diversas suertes, muchas plantas menores, muchos árboles mayores, muchos animales chicos y grandes, bravos y domésticos, y savandixas de las que se van arrastrando como culebras, lagartos y lagartijas y caracoles, mariposas pájaros y otras aves mayores del aire, cada cosa puesta en el lugar que más propio contrahiciese a lo natural que remedara.

Havía un gran maizal y la semilla que llaman quinua y otras legumbres y árboles frutales, son su fruta toda de oro y plata, contrahecha al natural. Havía también en la casa rimeros de leña contrahecha de oro y plata, como lo havía en la casa real; también havía grandes figuras de hombres y mujeres y niños, vaziados de lo mismo, y muchos graneros y troxes, que llaman pirua, todo para ornato y mayor majestad de la casa de su Dios el Sol. Que como cada año, a todas las fiestas principales que le hacían le presentavan tanta plata y oro, lo empleavan todo en adornar su casa, inventando cada día nuevas grandezas, porque todos los plateros que havía dedicados para el servicio del Sol no entendían otra cosa sino en hazer y contrahazer las cosas dichas. Hazían infinita baxilla, que el templo tenía para su servicio hasta ollas, cántaros, tinajas y tinajones. En suma, no havía en aquella casa cosa alguna de que ministerio que todo no fuese de oro y plata, hasta lo que servía de azadas y azadillas para limpiar los jardines. De donde con mucha razón y propiedad llamaron al templo del Sol y a toda la casa KORICANCHA, que quiere decir barrio de oro".